Cronologia

CRONOLOGÍA

 

ORLANDO AGUDELO-BOTERO

 


 

 


 

¿QUÉ PIENSAN USTEDES DE LA VIDA?

La década de los cincuenta entraba en su face final, anticipando los cambios que traería la nueva era de los sesenta.
Fue en ese entonces cuando en el comedor de la casa de Don Félix María Agudelo, sus hijos daban rienda suelta a la imaginación con un juego inocente que lograba construir cadenas de comunicación entre todos los hermanos. En esas reuniones cotidianas, Alberto, uno de los hermanos mayores sorprendía a los menores con la pregunta, ¿Qué piensan ustedes de la vida? resultando siempre en una variedad de respuestas, risas tímidas, rostros perplejos e indiferencia infantil. Dentro de estos doce hermanos, la pregunta marcaría para siempre la mente del octavo hijo, el que por naturaleza, años más tarde sería el pintor.
En Anserma Viejo, Caldas, un pueblo cafetero enclavado en los Andes Colombianos, tierra fértil cuyos granos de café han recorrido el mundo, nació el hombre a quien el destino marcó para llevar la pregunta de aquellas reuniones familiares a su arte, haciendo de su obra una búsqueda a la respuesta. Sus pensamientos, cultivados con paciencia, esmero y dedicación, estudian la vida, su balance, la naturaleza y el génesis de la creación. El ser humano, que hace parte de esa estructura perfecta, es quien debe iniciar la búsqueda, responder las preguntas, encontrar el génesis y enriquecer la creación.

Los destellos que iluminaron el camino de este niño empezaron a encenderse lentamente y se fueron acumulando poco a poco.
La luz inicial la encendieron sus padres, manteniéndose viva a través de todas las personas que han enriquecido su existencia. Estos destellos se han convertido en una gigantesca fuente generadora de calor y luz que impacta con la misma intensidad de su primer recuerdo, el incendio.

PRIMERA IMPRESION

Una noche desde el balcón de su casa, estando en brazos de su padre y acompañado de su madre María Luisa y su hermana, heredera del mismo nombre, vio con intensidad como la casa del frente, hogar de la familia Rivillas, era consumida por un enorme fuego que los unía iluminando sus rostros, definiendo la serenidad de su padre, enmarcando el valor de su madre y congelando para siempre el llanto silencioso de su hermana.
Sin saberlo, un año después, este niño viviría en ese mismo balcón otra experiencia, que más tarde sería vehículo indirecto para su primer enfrentamiento con un símbolo religioso.

LA PROMESA

En el atardecer de un martes en el mismo balcón, mientras jugaba con su hermana Beatriz creando burbujas compuestas de agua y jabón, al tratar de alcanzar con sus manos las burbujas que la brisa juguetonamente elevaba, Orlando perdió el equilibrio cayendo desde el segundo piso hasta la calle empedrada en su estilo colonial, mientras caía, los rostros de sus hermanos Fabiola y Fernando que se acercaban, el sonido del golpe y la perdida del conocimiento, fueron vivencias que quedaron marcadas en su ser. Al volver en sí, escuchó el llanto de alegría y la promesa en voz de su madre, que agradecida lo comprometía con un símbolo de fé cristiana por el término de dos años; llevar el hábito de Francisco de Asís. Esas vestimentas parte de una tradición milenaria y testimonio de humildad, no fueron algo coincidencial, ya que al nacer el pintor había sido bautizado con el nombre de FRANCISCO ORLANDO AGUDELO BOTERO.

EL DESPERTAR

Desde sus primeros años, las bellas artes fueron parte de su vida. Los Domingos en la mañana, las notas de los valses de Johann Strauss se filtraban por las paredes, subían escaleras y llegaban hasta su habitación. En la planta baja, Don Félix escuchaba como uno a uno sus hijos abandonaban las camas para reunirse con él. Gracias a su padre, esa tradición fue el despertar del joven pintor a la sensibilidad por la expresión y comunicación a través de la música clásica, elemento permanente en las formas y líneas de su obra.

En su infancia la alegría, la imaginación y la creatividad lo acompañaron siempre. Lo tomaron de la mano por las calles de su pueblo como mudos testigos de un presagio de independencia; rasgo de su personalidad que marcaría de forma indeleble el resto de su vida.

SU PERSONALIDAD

En Agosto 29 de 1958 falleció su madre, circunstancia que inició la búsqueda por descubrir su independencia. Fue su espíritu indomable el que lo llevó a alejarse del hogar paterno sin la autorización de su padre. En Junio de 1959 Orlando llegó a la casa de Bernarda, su abuela materna, símbolo de autoridad y firmeza.
Durante su breve estancia en esa casa, el jovencito lograba evadir la vigilancia familiar, deslizándose silenciosamente a uno de los sitios más sagrados y prohibidos para él, la biblioteca de su tío Adalberto el sacerdote, teólogo y filósofo por educación. En aquel lugar, Orlando encontraría el respeto a la palabra. Con mirada inquieta recorría los cientos de libros que rodeaban la habitación. Como un imán, los ojos de doce imágenes al óleo que cubrían las paredes lo perseguían aumentando su curiosidad y desbordando su imaginación. A través de esas pinturas y sin saberlo, establecía comunicación con los filósofos que con sus reflexiones enriquecieron el acervo cultural de la humanidad. Las respuestas estaban en las páginas de los libros que años más tarde, serían un instrumento más para el pintor unir forma, música y palabra, continuando su ciclo de enriquecimiento espiritual.

PRIMERA INTROVERSION

Al volver al hogar de su padre, la disciplina impuesta al primer intento de rebelión fueron 30 días sin ningún contacto con el mundo exterior. Pero una vez más, su alma de artista abrió las ventanas de la imaginación. Lo que fue concebido como un castigo, terminó convirtiéndose en el capullo donde se inició la metamorfosis del pintor. Con gran dedicación y entusiasmo durante su aislamiento, se fueron dibujando líneas y formas que lo conducirían de manera definitiva a descubrir un universo antes poblado por otros maestros. A través de algunos libros de arte, los pintores del renacimiento italiano llegaron a él, convirtiéndose en fieles compañeros, sembrando nuevas inquietudes en su vida, desarrollando su talento natural y trazando nuevas metas que sus mentores más tarde le ayudarían a alcanzar.

SU ORIENTACIÓN

Mientras que los Jesuitas cultivaban en el hombre la semilla de la educación, la amalgama de elementos que crearon la arcilla del pintor estaban listos para ser moldeados. Faltaba el hacedor de los milagros, las manos que con dedicación y firmeza convirtieran al pintor en artista. Una tarde, camino a la casa de su hermano Mario, un encuentro inesperado le cambió la vida. Doña Maruja Uribe de Restrepo, dama que en su mirada encerraba la bendita locura del que se atreve a ser diferente, lo invitó a visitar su casa campestre, “El Retiro”. En el jardín de aquella casa, a las cinco de la tarde de cada jueves, las palabras de Doña Maruja transformaban lentamente habilidad en arte, sensibilidad en talento y creatividad en genio, descubriendo el mundo interior del artista. Para Orlando, esa casa en la colina se fue convirtiendo en un templo sagrado que atesoraba conocimientos universales.

Continuando el proceso natural de la vida, todos los caminos finalmente se transforman en una encrucijada, obligándonos a elegir la ruta que habrá de definir nuestro futuro. El artista había aceptado su naturaleza; la voluntad surgió de unas palabras que quedarían impresas en su mente… “Orlando: Se llega en la vida de cada persona, el momento en el cual hay que desobedecer. Debe de irse, conocer el mundo y otras culturas, escuchar a otros seres humanos; diseñar su vida y usar su pintura para entender, y para comunicar…” Al dar este consejo, la sabia señora, conociendo las bases con las que el joven había sido formado, le transmitió una información que él usaría responsablemente. Esa tarde, Doña Maruja Uribe de Restrepo le mostró a Orlando el camino, regalándole al mundo un artista.

SU INDEPENDENCIA

La oficina de Don Félix María Agudelo era una prolongación de él mismo. Su escritorio y los muebles coloniales fabricados en cuero y madera sólida, estaban cubiertos de libros y documentos perfectamente ordenados. El 12 de Enero de 1968, Orlando llegó hasta ese lugar, consciente del paso que habría de dar y aceptando de antemano las consecuencias de expresar su nueva posición ante la autoridad paterna. Con nerviosismo comunicó a su padre la decisión que había estado planeando por tres años, el momento de partir había llegado. Su padre firmemente cuestionó las decisiones de Orlando, buscando cualquier indicio que sirviera de argumento para convencerlo a quedarse, pero al reconocer en él la seguridad de su decisión, el hombre que había dedicado la vida a sus hijos, noblemente demostró que a pesar de no entender por completo sus inquietudes artísticas, aceptaba que su hijo necesitaba trazar su propio destino.
A la mañana del día siguiente, Orlando Agudelo Botero fruto de ese pueblo enclavado en las montañas de Colombia, reunió su equipaje para tomar la ruta que lo llevaría a los Estados Unidos de América. Con él, un estuche de pinturas, las enseñanzas de todos sus maestros. En él, el amor de sus padres y el apoyo de sus hermanos y hermanas, la iniciativa, la pasión y fuerza innata que le ayudarían a encontrar su respuesta a la pregunta de la infancia, ¿Qué piensan ustedes de la vida?

VEINTE AÑOS DESPUES

La Casa Blanca es símbolo de la grandeza de un país, al recorrer sus salones se percibe la presencia de seres humanos excepcionales que la han habitado influyendo el curso de la historia. Este recinto presidencial, atesora la esencia de una nación que reconoce el mérito y estimula el engrandecimiento de las sociedades. Como un homenaje a la contribución que los inmigrantes hispanos realizan en los diversos campos del quehacer humano, fue instituido el honor más alto que se otorga a un hispano en los Estados Unidos de América, el “Premio a la Herencia Hispana”. En 1988, habiendo transcurrido veinte años desde su salida de Colombia, Orlando Agudelo Botero recibió este galardón.



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Orlando recibe el premio de Herencia Hispana en Artes Plásticas de manos del Presidente Ronald Reagan en Ceremonia llevada a cabo en la Casa Blanca, Washington D.C


 

LA ESTRUCTURA

Durante estas dos décadas, el hacer llegar el arte a aquellos para quienes fue concebido requirio de varios factores. Era necesario encontrar sensibilidades, que al percibir la maravilla en su creación, fueran el vehículo para presentarlo. Fue en ese entonces que Elfi La Fargue, una inmigrante alemana de herencia judía, cumplió esa función. Al descubrir el genio que tímidamente se asomaba en sus pinturas, durante un festival de arte realizado en la primavera de 1973 en las calles de Westwood en los Angeles California, esta mujer lo tomó bajo su tutela, convirtiéndose en parte de su orientación profesional.
Los talentos se manifiestan de diversas formas. El creador de la humanidad mantiene el balance de la civilización otorgándonos dones que garantizan el orden universal. Como miembro de esa estructura, Orlando se integra a ese balance. Su proceso creativo es en parte una revelación que transmite la información otorgada a través de su obra. Esto lo reconoció Glenn Engman, otro elemento contribuyente a su desarrollo personal y artístico, un caleidoscopio de habilidades humanas con la visión para presentar el arte al mundo, conservando el respeto a la sensibilidad del arte y del artista.

LA METAMORFOSIS

Viajando con su arte por todo el estado de California desde Los Angeles hasta San Francisco, de norte a sur y de este a oeste, Orlando vivió días que habrían de transformarse en meses. Años de perseverancia, aceptando la necesidad de integrarse a un mercado ya establecido; durante los siguientes siete años, el trabajo agotador y disciplina inquebrantable le darían al artista la continuidad que toda obra necesita para llegar a las masas y seguir su evolución natural.

El estudio se transformó en el centro de su existencia. Noches y días eran uno sólo, y el concepto del tiempo durante su proceso de creatividad dejó de existir para siempre. Los rayos del sol que anunciaban crepúsculo y ocaso, iluminaban estudio y alma, mientras las notas de los clásicos acompañaban al artista fundiéndolo en su obra.
Su mejor compañía seguía siendo la música clásica, aquella que un día lo despertaba en las mañanas del domingo hasta convertirse en parte integral de su vida.
Tratando de entender la fusión de sonido y movimiento, descubrió a través de la gracia y elegancia del Ballet, la respuesta a esa inquietud. Dedicando las tardes a visitar estudios de ballet, analizaba y dibujaba los gestos, la técnica, el ritmo y el calibre en la interpretación individual de las bailarinas, plasmando en sus bocetos la pureza de su expresion. En esta manifestación artística Orlando encontró la inspiración que liberó su expresión, dándole a sus líneas un movimiento de vuelo perpetuo que nos lleva a un infinito sin principio y fin.

UN NUEVO SOL

Buscando todo aquello que le permitiese enriquecer los sentidos, realizó un sueño de su infancia… Hawaii… Aquel lugar en donde hombre y cultura funden oriente y occidente. Conjunto de islas mágicas que hablan en un lenguaje místico y olvidado, silencio elocuente y respetuoso que estimula los sentidos uniendo el tiempo y el espacio. El pintor, que desde ese entonces ya se definía como una isla, encontró en Hawaii su comunión espiritual, piedra angular que continua siendo para él un santuario vital en su vida.

LA LIBERACION

Después de un profundo ciclo de introspección en las islas Hawaianas, Orlando inició un vuelo que lo llevaría a Nueva York, ciudad donde se mezclan las culturas y lugar donde el artista liberaría una fuerza que inevitablemente habría de manifestarse en su obra. En el Museo de Arte Moderno, admirando por vez primera la grandeza de los precursores del renacimiento francés, se encontró al final del laberinto. Súbitamente, el arte de Pablo Picasso se erguía desafiante ante sus ojos. El impacto fue tal que derrumbó al hombre mientras elevó al artista fortaleciendo en él aquella necesidad innata por alcanzar nuevos campos de información y reafirmando su fé en el más allá de lo previamente establecido. Descubrió su propia esencia y se liberó para siempre.

Como una cascada incontenible se desbordaron los diques de la creatividad. Las puertas de la imaginación se abrieron permitiendo que se manifestase todo aquello que sin él saberlo, había sido la fibra de su ser. La Luz tomó forma en los lienzos, iluminando el camino que habría de continuar el Maestro. La religión perdió su nombre, encontrando el Espíritu que tomaría de la mano al Místico, al Filosofo, al Músico y al Pintor y todos juntos en perfecto Equilibrio crearon la Sonata que con sus notas rindió homenaje a la vida y a La Nobleza de los Arboles. Trazo nuevas Fronteras señalándo y estimulando campos de posibilidades aún por explorar como parte de nuestra Evolución.
Había entonces que transmitirlo; descubrió, aceptó y acogió su naturaleza, y todo aquello que le fue dado a través de su arte, naciendo un hilo conductor que le permitiría llevarlo a los demás.
La obra inició su camino por el mundo, Nueva York fue el impulso que permitió a otros continentes conocer la esencia del artista. El reconocimiento había llegado, pero una inquietud se anidaba en el centro del maestro, estimular en nuevas generaciones la verdad y responsabilidad en el poder de la palabra.

LA VOCACION

La temática de cada serie se convirtió en su palabra, manifestándose en el artista la vocación del hombre al tomar su arte como vehículo para transmitir la información acumulada a través de su vida. Una nueva generación recibe su mensaje de búsqueda y evolución.
Las aulas educativas transformaron aprendizaje en enseñanza y el cúmulo de ideales que simboliza la juventud extendió sus manos, llevándolo a recordar su propia trayectoria.

EL RETORNO

Una tarde mientras respondia las preguntas de algunos estudiantes que curiosamente querian saber más de su vida, la realidad se cubrió de nostalgia, señalando el punto de partida de un camino formado por los primeros lápices de colores que su tío, Ebel Botero, generosamente le había obsequiado en los primeros años de su vida. Al seguir, se encontró de nuevo con Gabriel Peláez, alma buena y profunda, joven mentor y buen amigo de su adolesencia; conversaron de los libros del renacimiento francés con los cuales durante su juventud Gabriel noblemente había iluminado su sendero. En su retrospectiva cada vez mas profunda, se encontró nuevamente entrando al comedor en la casa de su infancia. Allí, su padre sereno y respetuoso, mientras que Doña Maria Luisa, su madre, sonreía simpática, bonita, alegre y orgullosa. En la mesa estaban todos sus hermanas y hermanos. Primero, notó la elocuencia de un silencio imponente que le permitio estudiar la naturaleza de todos ellos e individualmente los entendió. En ese instante, como un eco lejano se escuchó la voz de Alberto que transcendiendo lo humano, nuevamente les preguntó,

¿QUÉ PIENSAN USTEDES DE LA VIDA?

Varias decadas después, sabiendo la razón por la cual subconscientemente había regresado a aquella época de su niñez, el octavo de los hijos de Felix Maria Agudelo y Maria Luisa Botero ofreció su respuesta y en voz propia, asi dijo:

“Como creación biológica o física, la vida es una energía activa, la cual, enmarcada en el concepto del tiempo, pertenece a un proceso evolutivo. Este proceso permite que el portador de esta vida reciba la información esencial para alcanzar la realización de su potencial humano. Su objetivo principal debe ser el elevar nuestra condición y calidad humana y estimular los mecanismos que conlleven al descubrimiento de nuevos niveles de entendimiento; estos, a su vez, deben inducir al desarrollo de la especie humana dentro del contexto universal.

Igual que una obra de arte, la vida es una creación que se origina de una inpiración sublime. Es una energía con características maravillosamente espontaneas y libres.
Como una obra de arte en su concepción, la vida en su comienzo es un impulso de energía, un proceso creativo en evolución que al completarse ofrece su gratificación y nos revela su paz.
Por lo tanto, la vida es creatividad.

Creatividad es el flujo de una energía progresiva que libera los sentidos y estimula la imaginación en su función por descubrir y establecer nuevas realidades que pueden expresarse a niveles abstractos o concretos, en materia o esencia, en ser o en espíritu.
El proceso creativo nos da la facultad de convertirnos en los arquitectos de nuestra propia existencia. El estimulo de nuestros sentidos eleva nuestra calidad de vida convirtiendo nuestra biografía en biología; extensión y resultado de nuestra creación.

La vida es la emancipación de los sentidos. Es la capacidad que se tiene para apreciar la fuerza y el poder de nuestra existencia. Es la pasión y el estímulo de las facultades que nos proporcionan placeres físicos. Es el deseo de triunfar con excelsitud teniendo en cuenta todos los elementos naturales para crear interiormente un constante estado de gracia, un éxtasis.

Los horizontes trazados por cada ser humano definen su propio destino. Nos realizamos cuando nos permitimos explorar y descubrir las propiedades inherentes a cada quien trascendiendo los límites previamente establecidos. La realización individual del ser humano radica en su descubrimiento y en su desarrollo, en la integridad, dignidad y claridad de su esencia..

La vida es por consiguiente una búsqueda y un estudio de posibilidades sin fin. Es la concepción de ideas; el descubrimiento de su fuerza, y el poder de su desarrollo.

La vida es un constante renacimiento de vigor intelectual, artístico y físico, es una obra en pleno desarrollo, es creación individual y propia.
La vida, en síntesis, es energía y continuidad, Creatividad e Información, revelación y evolución, resolución y contribución, infinito y paz.
Mi creación esta en la búsqueda y en el descubrimiento de información que me ofrezca nuevas dimensiones, nuevo entendimiento, nuevas realidades. Mi arte es mi vehiculo y mi voz.

Recuerden: !Creatividad es la libertad de la vida ! “

Orlando Agudelo-Botero

Cronología escrita por Arturo Frausto


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